Cien años del fallecimiento de José Echegaray
José Echegaray e Izaguirre (Madrid, 1832)- Ingeniero de Caminos, matemático español del XIX y premio Nobel de literatura (compartido)
Un joven prodigio que a los catorce años leía a Goethe, Homero o Balzac, complementada con las obras de matemáticos como Gauss o Lagrange. Sin embargo, siempre fue un apasionado de las novelas sencillas con drama y trama intensos, no siendo un fiel de la 'excelencia' literaria.
Fantaseando con viajar a París o Londres en el que se hubiera podido cruzar con Cauchy o el mismo Newton, evocaba la impotencia de una España sin ciencia de valía en su historia. Sus continuos reproches a la idiosincrasia de la ciencia nacional le costó enemistades y gran rechazo.
Como dramaturgo le fue concedido el Nobel en reconocimiento de sus numerosas y brillantes composiciones que, de manera original e individual, han revivido la grandes tradiciones del drama español.
Un estadista involucrado en episodios relevantes de la historia de fin de siglo. Se acostó como ministro del gobierno de Amadeo de Saboya y amaneció como ministro de la I República. No obstante, hubo de exiliarse finalmente a París. Una vez allí, decidió iniciarse como dramaturgo, barajando la posibilidad de hacer dinero, lo cual, a la postre, le salió redondo. Para no variar, el deporte nacional, o sus tendencias políticas radicalmente liberales, le costaron la crítica pública por parte de una parte de la generación del 98, liderada por Azorín o Valle-Inclán. Julio Caro Baroja declaró realmente no ser critico de la consagración de Echegaray puesto que ni le había leído ni había asistido a ninguna de sus representaciones. Muchos de sus detractores terminaron por deponer su actitud al respecto.
Ministro de Fomento y Hacienda, sentó las bases para la red de ferrocarriles de España. Formó parte de los cambios radicales que iniciaron la transición de la España desmontada y añeja del Siglo de Oro y los Austrias, a una nación moderna de la Europa del XIX. La capacidad de pacto entre liberales, progresistas y conservadores resultó clave en este aspecto. Su esfuerzo y dedicación resultó en una suerte de proyectos viales y de comunicaciones que transformaron España.
Defendió la educación superior libre de acceso y contenido, dando fundamento y sentido a las escuelas superiores para formación académica y de ingeniería.No cabe duda de que era un librepensador.
Era una persona tímida. Cuentan la anécdota de una noche que pasó al raso en la cubierta de un barco, por no atreverse a preguntar por su camarote. Su natural timidez contrastaba con la radicalidad y vehemencia de que llegaba a hacer alarde sobre todo de su político, como fue aquel 'discurso de la trenza del quemadero', enfrentando estado y religión en las cortes constituyentes de 1868. Un descubrimiento arqueológico en la ubicación del 'Quemadero de la Cruz', teatro de representaciones de los autos de fe inquisitoriales, arrojó la presencia de hierros -probables instrumentos de tortura- y una trenza quemada de mujer. Al hilo de tan bizarra noticia, Echegaray hizo una alegoría apologética a la inversa:
«Yo desearía que los señores que defienden la unidad religiosa […] preguntasen a aquella trenza cuál fue el frío sudor que empapó su raíz al brotar la llama de la hoguera y cómo se erizó sobre la cabeza de la víctima […] Yo no arrojo una mancha sobre ninguna gran religión revelada: en el fondo de todas ellas hay una aspiración noble, levantada; pero lo que yo no quiero es que el poder teocrático convierta la unidad religiosa en arma de partido».
Aspiró siempre a desarrollar innovaciones inspiradas por el avance humanístico y mejora de las condiciones de vida de las personas. Se caracterizó, de hecho, por su oposición frontal a la intransigencia y el sectarismo político y religioso, defendiendo la ciencia como principal solución a los problemas de la patria. En el curso de firma del Tratado de París (1898), donde España renunciaba a sus posesiones de ultramar en favor de los Estados Unidos de América (el desastre del 98), pronunció otro incendiario discurso, en su línea: 'La Fuerza de las Naciones'. En este discurso, reivindicaba la superioridad tecnológica de la nación que había derrotado a España, frente a la gallardía y verborrea patriótica que imperaba como única razón para defender la posición geoestratégica de un imperio ya desvencijado por completo.
Naturalmente, nadie captó el mensaje. Un siglo después, la nación 'tecnológicamente más poderosa' que refería Echegaray, acapara los premios Nobel en una escala creciente:
All Nobel Prizes 1901-2009: Evolution of cumulative national shares by country of birth (or home of organization) at the time of the award, 1901-2009 – Schmidhuber4
Difusor de las nuevas teorías matemáticas en boga en Europa, sustanciadas a partir de su base formal, como Ingeniero de Caminos. Sin ser un teórico o creador, sí que fue un divulgador de las nuevas teorías matemáticas y su aplicación a las herramientas de la ingeniería.
Divulgador incansable, con un estilo fresco y elegante. Huyó del discurso aséptico de artículo científico, impregnando sus publicaciones de un tono literario y lineal, casi como el de sus dramas. Sirvan de referencia ciertos artículos que publicaba con asiduidad en el Diario de la Marina de la Habana.
Falleció el 4 de diciembre de 1916 en la calle Zurbano de Madrid, mientras se lanzaban salvas de artillería en su honor, guardadas las calles circundantes por el ejército del rey, en honores similares a un jefe de estado.


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