EXTERNALIDADES, MEDIO AMBIENTE Y CORONAVIRUS.
La pandemia generada por el Covid-19 es ya el problema del siglo. Su impacto se traduce en vidas humanas, dramas personales, asociados a la cuarentena de familiares y amigos afectados, como por el colapso de las infraestructuras sanitarias; también, se traduce en restricciones a la libertad de movimientos y en la paralización de facto de la producción mundial, con un fuerte eco en el empleo y la deuda pública, fruto de la ingente masa de fondos necesarios para proveer de subsidios, créditos extraordinarios y/o treguas fiscales.
Tal vez en el futuro se pueda poner una valoración económica de la parte objetiva de esta tragedia global, pues la emocional, tendría una factura incalculable.
Tal vez no haya sido suficiente el expolio de los recursos, las toneladas de gases de efecto invernadero o la ingente plataforma pseudocontinental de plásticos acumulándose en los mares del globo. Tal vez, el acontecimiento clave para replantearnos nuestra relación con la naturaleza, venga de esta pandemia.
Tal vez, hemos cruzado el Rubicón de las externalidades...
El núcleo de la propagación, al margen de Guangdong, en el continente, fue Hong Kong. La zona cero resultó ser el Hospital Príncipe de Gales, desde donde se esparció la infección a la población, y un bloque de apartamentos, donde el sistema de colector de aguas negras permitió el contagio de todos sus habitantes, a partir de las heces de un solo propietario infectado. Los mecanismos de contención y el aislamiento físico de Hong Kong, dieron resultados en pocas semanas.
En el mundo, se manifestaron más casos, hasta un total de alrededor de 8000 contagiados y algo menos de 800 fallecidos aunque la epidemia, finalmente, permaneció bajo control.
La comunidad internacional miró entonces a China, como origen de la infección por coronavirus, apuntando a un más que probable foco en los mercados vivos o 'wet markets' de Foshan, núcleo centra de la epidemia. Sea como fuere, las autoridades chinas mandaron cerrar todos los mercados vivos hasta nueva orden. Y la orden llegó, de hecho, en julio de ese mismo año se reabría este tipo de comercios.
El origen de esta costumbre de comer 'bichos raros', tendría su acerbo cultural en las brutales hambrunas provocadas por el control de la producción agrícola del PC Chino durante la década de 1970. La hambruna llegó a tal punto, que la autoridades se vieron obligadas a permitir la iniciativa particular en el cultivo y la ganadería, dando lugar a muchas explotaciones rurales, en las que se aprovecharía cualquier recurso natural susceptible de emplearse como alimento. Años después, en 1988, se publicaba la ley de protección de la vida salvaje en China, que designa a esta como un recurso del estado, que podrá ser explotado siempre sujeto a las prescripciones legislativas (Art. 5); lo que es más, la ley incentiva la cría y explotación de especies exóticas (Art. 17)
Por una parte, la cría indiscriminada de especies exóticas, erigida en una industria en toda regla, a través de la regulación del país, incrementa notablemente las poblaciones de estas especies. No en vano, el incremento de poblaciones de una especie, es un factor crucial para la diseminación de enfermedades propias de la misma. Un patógeno, corriendo más libre y más 'desatado', es un patógeno con más opciones para evolucionar y cambiar. Para ello, la naturaleza dispone de mecanismos espontáneos que dan lugar a nuevos genes, mediante la reordenación, la recombinación y la mutación genética.
Por otra parte, las condiciones de hacinamiento y sanitarias favorecerían el contacto cercano y la exposición a las secreciones y fluidos de entre los animales. Un caldo de cultivo perfecto, generando el flujo de intercambios necesarios para que la naturaleza, mediante la replicación genética, disponga de miles de oportunidades más para dar lugar a un nuevo y flamante agente patógeno.
En resumen, los mercados vivos, serían un medio ideal para la proliferación de nuevos genes para estos patógenos, incluyendo, eventualmente, mejor adaptación para colonizar a nuevas especies, incluida la nuestra.
Finalmente, los hábitos de consumo, serían otro aspecto clave para dar el salto entre especies. Si el medio de cultivo fueran los mercados vivos, el consumo de los alimentos procedentes de estos mercados, bien en crudo, o bien, poco cocinados, serían el detonante para la expansión de una nueva pandemia. Desde el mismo momento en el que no procesamos bien los alimentos, nos exponemos a asimilar los patógenos que puedan portar en su interior. Desde el momento en que salta al ser humano, desconocedor de su propia existencia, un patógeno altamente contagioso tendrá el camino expedito.
En todo caso, las suspicacias en la comunidad internacional seguirán abiertas, ante las serias dudas de que las autoridades Chinas sean capaces de frenar el tráfico, ahora ilegal, de especies exóticas, como parte de los hábitos de consumo asociados a los mercados vivos en China. Un primer paso, que ya se está exigiendo, es la implementación, con rango de ley, de medidas que, de manera definitiva y no transitoria, cierren la puertas a la industria de la cría y venta de especies exóticas.
Tal vez el calentamiento global, los residuos plásticos y otros altamente contaminantes, como la desaparición de cobertura vegetal, entre otros, problemas de enorme extensión, nos vayan a pasar facturas más caras. Lo que queda claro, es que ninguna externalidad se ha manifestado de manera tan cruda, rápida y sorprendente, como esta, resultado de un virus que, se habrá de aclarar en el futuro, podría haber saltado de un animal exótico a un humano, por una serie de azares provocados, de forma intensiva, por este último.
Tal vez en el futuro se pueda poner una valoración económica de la parte objetiva de esta tragedia global, pues la emocional, tendría una factura incalculable.
| Microscopía electrónica del coronavirus COVID-19. Foto: Scripps Research |
EXTERNALIDADES.
Se denominan externalidades a los costes derivados de una producción o servicio que no se ven reflejados en el mismo. La externalidad negativa por excelencia es la contaminación asociada al uso intensivo de los combustibles fósiles que realizamos, con su incidencia en enfermedades respiratorias o a posibles alteraciones en los patrones climáticos resultado del calentamiento global, entre otros. La inversión pública bien dirigida, genera externalidades positivas, por obvias razones. Todos disfrutamos del uso y disfrute de parques municipales; la vertebración del territorio se obtiene a través de la inversión en infraestructuras calidad; la seguridad física y jurídica que nos (supuestamente) proporciona el estado, entre otros.MEDIO AMBIENTE Y EXTERNALIDADES.
Podemos establecer una clara dicotomía entre el medio ambiente y las externalidades como parte de un mismo concepto. Casi todas las actividades económicas se traducen en algún impacto en el medio ambiente sin que nos preocupemos en valorarlo; es como un apunte contable en el activo, que genera otro en el pasivo. Al fin y al cabo, el régimen regulatorio de protección del medio ambiente en los países más desarrollados, es una parte del coste económico que se asume para reducir estas externalidades. Por ejemplo, el coste en la factura de un vehículo que adquirimos hoy en día, soporta décadas de investigación e inversión en motores con menores emisiones, capaces de cumplir la normativa que, naturalmente, el fabricante repercute al comprador.![]() |
| La contaminación, sin duda, una externalidad negativa derivada de nuestras decisiones de consumo y estilo de vida (fuente: Freepik.es - by brfgx) |
CRUZANDO EL RUBICÓN DE LAS EXTERNALIDADES.
Hacia el año 49 A.C., Julio César retornaba a Roma triunfante de su campaña en las Galias. Llegando a las orillas del río Rubicón, se marcaba el límite de la jurisdicción romana, dentro de la cual ningún ejército ajeno a la ciudad eterna podía pasar. Poco le importó al invicto general, decidido a echar abajo la república, penetrando intencionadamente con su soldadesca en territorio soberano e iniciando una guerra civil para su coronación. Había cruzado el Rubicón, para cambiarlo todo, no habiendo marcha atrás.Tal vez no haya sido suficiente el expolio de los recursos, las toneladas de gases de efecto invernadero o la ingente plataforma pseudocontinental de plásticos acumulándose en los mares del globo. Tal vez, el acontecimiento clave para replantearnos nuestra relación con la naturaleza, venga de esta pandemia.
Tal vez, hemos cruzado el Rubicón de las externalidades...
EL SARS.
En febrero de 2003, un empresario estadounidense de origen chino, fue diagnosticado en Hong-Kong de una desconocida enfermedad que acabó con su vida y, a la postre, la del técnico de la OMS que lo había identificado como SARS (acrónimo en inglés de Síndrome Respiratorio Agudo) El síndrome, de carácter infeccioso, habría sido contagiado por un médico chino que compartió la misma planta de hotel que el empresario, y cuyo rastro llevaba a la provincia de Guangdong, precisamente en China; las propias autoridades chinas terminaron por reconocer que sufrían un brote infeccioso que habría arrancado en febrero de 2002 en una ciudad de esta provincia, afectando a miles de personas.El núcleo de la propagación, al margen de Guangdong, en el continente, fue Hong Kong. La zona cero resultó ser el Hospital Príncipe de Gales, desde donde se esparció la infección a la población, y un bloque de apartamentos, donde el sistema de colector de aguas negras permitió el contagio de todos sus habitantes, a partir de las heces de un solo propietario infectado. Los mecanismos de contención y el aislamiento físico de Hong Kong, dieron resultados en pocas semanas.
En el mundo, se manifestaron más casos, hasta un total de alrededor de 8000 contagiados y algo menos de 800 fallecidos aunque la epidemia, finalmente, permaneció bajo control.
La comunidad internacional miró entonces a China, como origen de la infección por coronavirus, apuntando a un más que probable foco en los mercados vivos o 'wet markets' de Foshan, núcleo centra de la epidemia. Sea como fuere, las autoridades chinas mandaron cerrar todos los mercados vivos hasta nueva orden. Y la orden llegó, de hecho, en julio de ese mismo año se reabría este tipo de comercios.
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| Portada de Newsweek, de mayo de 2003, dedicada al SARS. |
LOS 'WET MARKETS' CHINOS.
Sabemos que se da en muchos países el consumo de alimentos adquiridos en mercados vivos ('wet markets'), donde los animales son sacrificados y descuartizados directamente ante el comprador. Son mercados en los que conviven animales diferentes en familias y reinos. El caso de China, es paradigmático. Estos mercados suelen ofrecer especies animales exóticas, no típicamente de uso ganadero. Las condiciones de hacinamiento influyen notablemente en el contacto físico y el intercambio de secreciones y desechos entre todos ellos.El origen de esta costumbre de comer 'bichos raros', tendría su acerbo cultural en las brutales hambrunas provocadas por el control de la producción agrícola del PC Chino durante la década de 1970. La hambruna llegó a tal punto, que la autoridades se vieron obligadas a permitir la iniciativa particular en el cultivo y la ganadería, dando lugar a muchas explotaciones rurales, en las que se aprovecharía cualquier recurso natural susceptible de emplearse como alimento. Años después, en 1988, se publicaba la ley de protección de la vida salvaje en China, que designa a esta como un recurso del estado, que podrá ser explotado siempre sujeto a las prescripciones legislativas (Art. 5); lo que es más, la ley incentiva la cría y explotación de especies exóticas (Art. 17)
INCREMENTO DEL RIESGO.
Las derivaciones de esta ley, además del uso y costumbre en China, conjugan varios riesgos notables. No en vano, supone la puesta en contacto muy cercano, a un nivel de interacción nunca visto, entre las especies de animales exóticas y las sociedades humanas. Un territorio poco conocido.Por una parte, la cría indiscriminada de especies exóticas, erigida en una industria en toda regla, a través de la regulación del país, incrementa notablemente las poblaciones de estas especies. No en vano, el incremento de poblaciones de una especie, es un factor crucial para la diseminación de enfermedades propias de la misma. Un patógeno, corriendo más libre y más 'desatado', es un patógeno con más opciones para evolucionar y cambiar. Para ello, la naturaleza dispone de mecanismos espontáneos que dan lugar a nuevos genes, mediante la reordenación, la recombinación y la mutación genética.
Por otra parte, las condiciones de hacinamiento y sanitarias favorecerían el contacto cercano y la exposición a las secreciones y fluidos de entre los animales. Un caldo de cultivo perfecto, generando el flujo de intercambios necesarios para que la naturaleza, mediante la replicación genética, disponga de miles de oportunidades más para dar lugar a un nuevo y flamante agente patógeno.
En resumen, los mercados vivos, serían un medio ideal para la proliferación de nuevos genes para estos patógenos, incluyendo, eventualmente, mejor adaptación para colonizar a nuevas especies, incluida la nuestra.
Finalmente, los hábitos de consumo, serían otro aspecto clave para dar el salto entre especies. Si el medio de cultivo fueran los mercados vivos, el consumo de los alimentos procedentes de estos mercados, bien en crudo, o bien, poco cocinados, serían el detonante para la expansión de una nueva pandemia. Desde el mismo momento en el que no procesamos bien los alimentos, nos exponemos a asimilar los patógenos que puedan portar en su interior. Desde el momento en que salta al ser humano, desconocedor de su propia existencia, un patógeno altamente contagioso tendrá el camino expedito.
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| Frecuencia relativa de mutación espontánea de genes por tipo de organismo. Los viroides son son organismos; de hecho, hay controversia acerca de los virus. |
NUEVO CIERRE, NUEVA APERTURA, Y SIN CAMBIOS EN LA LEY.
Una vez más, como ya sucediera con la epidemia de SARS de 2003, las autoridades chinas clausuran los mercados vivos y el comercio con especies exóticas, a raíz de los indicios que vinculan el nuevo brote de SARS Covid 19, con el tristemente célebre mercado de Wuhan. Sin embargo, recientemente ha saltado la noticia de que los mercados vivos reabren sus puertas, si bien, la prohibición de la cría y comercio de especies exóticas sigue en vigor.En todo caso, las suspicacias en la comunidad internacional seguirán abiertas, ante las serias dudas de que las autoridades Chinas sean capaces de frenar el tráfico, ahora ilegal, de especies exóticas, como parte de los hábitos de consumo asociados a los mercados vivos en China. Un primer paso, que ya se está exigiendo, es la implementación, con rango de ley, de medidas que, de manera definitiva y no transitoria, cierren la puertas a la industria de la cría y venta de especies exóticas.
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| El mercado vivo de Wuhan, clausurado por las autoridades chinas ante las sospechas de ser el foco de origen del Covid 19. |
LA MAYOR DE LAS EXTERNALIDADES, FRUTO DE LA INVASIÓN DEL MEDIO NATURAL POR PARTE DEL SER HUMANO.
Si se concluye en el futuro la clara conexión entre la crisis desatada por el Covid 19, y un paciente cero consumiendo productos procedentes de un mercado vivo en Wuhan, el coste de esta crisis, en forma de externalidades, habría sido derivado de la explotación intensiva, regulada y autorizada, de especies exóticas en los mercados vivos de China. En este caso, se trataría de la irrupción del ser humano en el medio natural, de forma indirecta, al entrar en contacto con una masificación de especies animales con las que rara vez se habría de topar.Tal vez el calentamiento global, los residuos plásticos y otros altamente contaminantes, como la desaparición de cobertura vegetal, entre otros, problemas de enorme extensión, nos vayan a pasar facturas más caras. Lo que queda claro, es que ninguna externalidad se ha manifestado de manera tan cruda, rápida y sorprendente, como esta, resultado de un virus que, se habrá de aclarar en el futuro, podría haber saltado de un animal exótico a un humano, por una serie de azares provocados, de forma intensiva, por este último.





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